Capítulo 22: Cafeteria, lluvia y Eteniel.
El cielo está gris, y pequeñas gotas de lluvia comienzan a caer mientras caminamos por las calles de la ciudad. Antonio tiene nuestras manos entrelazadas, apretando suavemente, como si su toque dijera sin palabras estoy aquí, no te suelto. La lluvia no es molesta; al contrario, tiene algo de magia, como si cada gota marcara un recuerdo nuevo que estamos viviendo juntos.
—¿Sabes? –dice de pronto, mirándome con esos ojos azules que siempre me dejan sin aliento– Me encanta que estemos así, solos