Intentó mantener la esperanza bajo control, aunque le resultaba imposible.
—¿Pagada...? —susurró apenas—. ¿Por quién?
Frunció nuevamente el ceño.
En ninguna parte aparecía el nombre de la persona que había cubierto semejante deuda.
Su mente viajó de inmediato al despacho del gerente, recordando aquella pantalla llena de cifras imposibles.
Todavía podía ver aquella interminable sucesión de ceros.
Era una cantidad de dinero que una persona común jamás reuniría en toda una vida.
¿Cómo alguien podía