Más de treinta minutos después, Virginia observaba con creciente confusión cómo la limusina se alejaba de las calles más concurridas de Nueva York y tomaba un camino que, hasta donde ella sabía, debía estar restringido para el paso de cualquier persona que no contara con la autorización correspondiente.
Durante los primeros minutos había intentado convencerse de que simplemente se trataba de una ruta privada o de algún acceso especial reservado para personas importantes. Sin embargo, mientras e