—Ahora que sé quién pagó la deuda, no puedo aceptarlo.
Maverick frunció el ceño.
—¿No puedes?
—No.
—Pues ya lo hice. Así que despreocúpate por eso.
Virginia lo miró con incredulidad.
—¿Cómo se supone que voy a despreocuparme?
—Si alguien más lo hubiera hecho, ¿habrías aceptado?
La pregunta salió con una intensidad que Virginia no comprendió.
¿Por qué parecía molestarle tanto la idea?
—¿Qué? ¡Claro que no!
Virginia se levantó como un resorte.
—No puedo aceptar tu dinero. No es algo que te corres