Emiliano no podía quitarse la preocupación de la mente. Había visto salir a Margaret de la casa, ansiosa y apresurada, con una expresión en su rostro que le había dejado un nudo en el estómago. Sabía que Margaret tenía asuntos pendientes con su familia, pero algo en su comportamiento hace unas horas le había hecho temer lo peor. No podía quedarse de brazos cruzados. Margaret cuidaba a su hijo, y aunque usara esa excusa para justificarse, la verdad es que se estaba enamorando de ella.
Condujo h