Capítulo 17
Aprovecho mi hora de almuerzo y pido prestada la bicicleta de la tienda. Me voy al pueblo contiguo sin importarme la distancia ni el cansancio de mis piernas; tengo que llegar a esa farmacia donde nadie me conoce. Una hora después, entro en el local con el corazón en la garganta. Mis manos tiemblan tanto que apenas puedo sacar el dinero de la billetera. La dependienta me entrega la caja de la pastilla del día después y una botella de agua con una indiferencia que agradezco infinit