|| VALERIA ||
—Maldito seas, Adrián Montenegro —murmuré mientras las puertas del ascensor comenzaban a cerrarse y me llevaba una mano a la cadera con la mayor discreción posible.
No estaba herida. Tampoco necesitaba un médico, aunque mis piernas parecían tener una opinión bastante dramática al respecto. Era solo esa molestia persistente que aparecía cada vez que daba un paso demasiado largo y que, con una exactitud casi ofensiva, me recordaba todo lo ocurrido anoche. Y también está mañana, porq