Capítulo 53: El amor que siento.

Renato caminaba delante de Fiorina con paso sereno, guíandola.

El sendero empedrado del jardín se abría ante ellos, serpenteante, flanqueada por arbustos perfectamente recortados y macizos florales que desprendían un aroma suave y fresco.

Fiorina avanzaba con cuidado, sosteniendo el ramo de crisantemos y la caja de pastelitos con ambas manos.

A lo lejos, un portón de hierro forjado pintado de verde oscuro apareció entre las enredaderas decorativas.

El mayordomo Renato se detuvo.

—Es aquí, señorita Cassini —anunció con voz respetuosa mientras abría el portón con suavidad.

Claank~

El sonido metálico fue breve.

Al cruzarlo, Fiorina sintió un cambio inmediato en el ambiente.

El espacio era más íntimo, resguardado del resto del jardín. Un frondoso árbol de copa amplia ofrecía sombra natural, filtrando la luz del sol de la tarde en destellos dorados que caían sobre un elegante juego de mesa y sillas de jardín.

Eran sillas cómodas, acolchadas, tapizadas en tonos claros. Sobre
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