Capítulo 41: Baile de prometidos.
La música envolvía el jardín Marchesani con un ritmo elegante, uno de esos compases que obligan al cuerpo a moverse casi sin pensarlo.
Las luces colgantes proyectaban destellos suaves sobre la pista, creando sombras que se deslizaban junto a las parejas.
Giorgio sostenía a Fiorina con una mano firme en la cintura. La otra guiaba la suya con precisión. Ese hombre bailaba como hacía todo: con control absoluto.
Ella, sin embargo, se dejó llevar. Aunque al principio su mente estaba llena de p