Mundo ficciónIniciar sesiónAlaska, Estados Unidos, dos semanas después.
Jonathan escuchaba los desaforados gritos de su esposa Amanda en la celda contigua, los cuales le dolían mucho más que las heridas infringidas en su torturado cuerpo. La mujer había pasado de emitir alaridos de dolor y desesperación a simples gemidos ahogados y finalmente, calló. Unos minutos después, la sombría figura de Haru recorrió el escabroso pasillo de la







