87. ENEMIGOS Y ALIADOS
NATHAN
—James, no importa lo que te diga, vigílala todo el tiempo, no te despegues de ella aunque esté en su casa, cualquier movimiento, quien vaya a verla, ¡lo que sea!, me lo informas y si tienes que intervenir no esperes a consultarme, ¡hazlo, yo asumo las consecuencias! —le ordeno apretando los dientes.
Mi lobo está que rabioso, tensos ambos, quisiéramos tener alas para salir ahora mismo volando hacia Canadá.
—Sí señor, no se preocupe, por favor intente convencerla que se suba al coche, est