166. CAZANDO AL SOPLÓN
NARRADORA
—Bien. Investigaré si me dices la verdad y, si mientes, te vas a arrepentir, Eliza —Verónica la observaba fijamente, como un halcón a su presa.
—¡No, no mentí! ¡Lo juro por mis hijos!
—Baja la voz —Verónica escaneó el pasillo fuera de la enfermería, que ahora estaba en silencio
—. Me alegro de que jures por tus hijos, porque recuerda la millonaria deuda que tienes con el colegio para mantenerlos en sus clases.
La profesora asentía mientras la directora pensaba en la manera de call