161. ESTO ES UN DESASTRE
NATHAN
—Quédate aquí un segundo, William —me bajo del asiento de copiloto y camino hacia la entrada de la manada.
Veo la cerca maciza de metal, media chueca y abollada. Me imagino que esto fue consecuencia de su escape apresurado.
—Sr. Langford —el centinela de la entrada enseguida me reconoce.
—John, ¿cómo has estado? Necesito pasar, ábreme —le digo cortés, pero con el mismo tono que siempre les he hablado.
Asiente y va a internarse en la caseta para activar el botón de apertura, cuando es det