154. QUIERO SER TUYA
HENRY
—Cla… claro, nena —le respondí, no muy convencido de que esto fuese una buena idea.
Se quedó de pie mirándome, así, desnuda en el torso, y yo tratando de disimular la erección que comenzaba a hacer un pico en la manta.
—¿Qué pasa…? Ah, la parte de abajo… —reí un poco raro, mierd4, estaba como un chiquillo que nunca había visto una teta en su vida.
“Joder, no te agaches mucho que me da de frente el olor de su intimidad”, Massimo gruñó dando vueltas, excitado.
Si esto es una prueba de Mónic