151. ESCAPE PELIGROSO
WILLIAM
Salimos de la zona boscosa y enseguida zigzagueamos por entre algunas de las casas de la manada. Escuchaba la algarabía en la plaza; los miembros más poderosos ya habían sentido el vacío del poder y esperaban explicaciones.
—¡William, deténganse, deténganse de una vez! —nos gritaron los dos guardias cuando corrimos por el asfalto del estacionamiento al aire libre.
Por supuesto, no nos detendríamos.
Abrí la puerta del copiloto de mi Ford Ranger y cargué a la pesada loba en el sillón, cer