138. LA VERDAD
MÓNICA
Di un paso atrás, aterrada, muerta de miedo, porque aún no me recupero de las sensaciones tan intensas que me causaba este lobo.
—¿Qué hace aquí, Sr. Connor? —intenté no mirar al borde inferior de la corta bata de hospital.
Joder, si se inclinaba un poco hacia atrás, le vería toda la cabeza de la culebra durmiente.
—Nena, ya te dije que no me llamaras tan formal…
—Y yo le dije que no me dijera “nena”. Tiene que irse de aquí, esta no es un área para pacientes —intenté agarrar con fue