Vanessa camina hacia su coche, tratando de mantener su compostura después de la tensa reunión. Para ese punto, ya la luz del sol comienza a desvanecerse, pintando el cielo con tonos cálidos de anaranjado y rosa, una calidez que no logra calar dentro de ella. Mientras se acerca a su vehículo, escucha pasos rápidos detrás de ella y aunque en un principio los ignora, termina siendo sujetada del brazo y girada de forma un poco brusca para encontrarse con el rostro un poco pálido y molesto de Emil.