Al salir de la casa, Vanessa es recibida por los gitanos presentes en la parte externa de la casa, quienes al verla comienzan a cantar y palmear para celebrarla. La calidez de sus voces y el ritmo de las palmas la envuelven. Sus ojos recorren los rostros sonrientes que la rodean.
Radu, nota como el rostro de la pelinegra comienza a perder la sonrisa que muestra y se llena con emociones que no sabe definir. Sin perder tiempo, se acerca los pasos que la separan de ella y con una firmeza gentil, t