Milena dibujó una sonrisa perversa en su rostro y se acercó a Fabiano.
Él retrocedió y se sentó en la cama. Sin embargo, ella no se detuvo, se sentó en sus piernas y puso cada brazo alrededor del cuello del hombre, que ahora parecía nervioso.
Milena achicó su voz y lo miró fijamente a los ojos, para después susurrarle al oído.
—Como dices que soy una niña pequeña, quiero que me arrulles y me cantes una canción para dormir.
Fabiano se quedó inmóvil y cerró los ojos par