El viejo Santoro miró el reloj en su muñeca y asintió con la cabeza.
—Tienes razón. Pero por favor, es muy importante lo que tengo que decirte.
Fabiano maldijo su curiosidad y le señaló al viejo una silla para que se sentara. Ya estaban ahí. Lo mejor era salir de esto de una vez.
—Es mejor. Al mal paso, darle prisa. Espero que de verdad sea importante, porque al parecer tú, al igual que tu hijo, tienen una fijación por estropear mi sueño.
El viejo Santoro, frunció el ceño. Mostrando sorpresa