Los dos hombres estaban desayunando en santa paz, pero una odiosa y melosa voz los interrumpió
—Buenos días, ¿Cómo está, suegrito?
—Muy bien, Gretta, muy bien, ¿quieres acompañarnos a desayunar? —le preguntó el viejo Santoro por pura educación y la mujer le sonrió y asintió.
Ella se sentó al lado de Vicent y le agarró la mano, antes de darle un beso en la mejilla.
—Santi mi amor. Hoy tienes que acompañarme a un desfile. Hoy es un gran día para que confirmes la noticia de nuestro compromiso.