Cuando la bruja tutora sacó a Claudia, no pudo evitar reírse internamente. Esperaba especialmente que la echaran, pero, para su sorpresa, la mujer la había felicitado.
Lo peor fue la estúpida sonrisa que se dibujó en sus labios mientras volvía a su posición. Toda la alegría de su corazón se agotó en ese instante, si los ojos fueran pistolas, Claudia habría muerto de diez mil balazos.
Lo habría pasado por alto, pero cuando su grupo actuó, la tutora les regañó terriblemente y continuamente hacía