La cabaña que les asignaron era grande, construida hace cientos de años y llena de historia. Aunque apenas tenía dos pisos, abarcaba gran parte de la pequeñísima ciudad de Las Hojas. Cuando Analía entró en la habitación que le dieron, sintió un deseo abrumador de lanzarse a la cama y dormir, deseando no despertar jamás. Eso parecía lo más fácil.
En el baño había agua caliente, y Analía se dio una larguísima ducha. Las gotas de agua caliente se deslizaron por su cuerpo, y ella permaneció allí má