C92- ¿NO QUIERES VERLOS CAER?
La cascada rugía como una bestia viva, pero a Zayden le ofrecía calma. El agua helada le llegaba hasta la cintura, endureciendo sus músculos y templando sus pensamientos. Su lobo, siempre alerta, descansaba por fin en un silencio atento.
Hasta que la sintió.
Ni ramas rotas ni hojas crujientes. Solo el cambio en el aire. El olor.
Zayden no giró la cabeza, pero sabía quién era. Ella, en cambio, estaba cansada de esperar.
Desde su escondite entre los arbustos, Kendra