- ¿No tenía que desayunar con los dueños del Casino de Arabia? - Pregunta Alicia que por atrevimiento al sentarse por encima de la alfombra había colocado su cabeza por encima de la rodilla doblada de Alessandro.
- Ya lo he solucionado absolutamente todo - murmura el hombre con la voz muy baja.
- ¿Se siente bien? - Alicia lo miraba fijamente.
- Dijiste que incluso si el fuego estuviera consumiéndome no te preocuparía.
- No puedo dejarlo en el abismo de aquello que estaba haciéndole daño.
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