Cristóbal no había pegado un ojo en toda la noche. Caminó de un lado al otro de su casa como un león enjaulado, con los pensamientos enredados y el pecho ardiendo. No podía comprender qué había hecho mal. ¿Por qué Amara lo había tratado así, con esa mezcla de decepción y distancia? Cada escena del día anterior se repetía en su mente como una película maldita que no podía dejar de ver
Con los primeros rayos del sol que se asoman por la ventana, se coloca la primera camisa que encuentra, agarra