–¿Por qué no me lo dijiste maldita sea? ¡Por qué! –ruge él, acercándose más, apenas a centímetros de su rostro. –¿Por qué aceptaste ser mi novia si no me amas?, ¿Por qué me sigues mintiendo?. No te escondas detrás de esa máscara de hielo.
–Cinco minutos –dice Amara, bajando la voz mientras se limpia una lágrima rebelde. –Te veré en la oficina, pero si vuelves a hablarme con ese desprecio… te juro que no sé de lo que soy capaz.
Cristóbal no da crédito a lo que acaba de escuchar. Su respiración s