–Lo que has escuchado, Amara –dice el hombre, con los ojos fijos en la mujer que le ha robado la respiración. La forma en que la observa es inquietante, una mezcla de admiración y asombro que refleja algo más profundo, algo que ella no alcanza a comprender. Es como si mirara un tesoro inalcanzable, un diamante en bruto que destella ante sus ojos, un hallazgo tan valioso que lo deja sin aliento. Esa mirada, cargada de un deseo que Amara no puede ignorar, hace que un nudo de incomodidad se forme