Antes de que Amara logre procesar lo que está por suceder, el bate desciende con violencia. Un golpe seco, certero, directo a su pierna derecha. El hueso cruje con un sonido aterrador. –¡NO! ¡Por favor! ¡Eso duele! –grita con la voz desgarrada, su cuerpo sacudido por espasmos de puro sufrimiento.
Se retuerce en el suelo, encadenada, indefensa. Las lágrimas caen ahora sin control, mientras el sudor frío le cubre la frente. Pero Kate no se inmuta y se inclina nuevamente –¿Creés que eso duele?