Mientras el eco de la risa de Lucas aún retumba en las paredes de la cabaña como el último clavo en un ataúd, Liam acelera en la oscuridad de la noche, el volante temblando bajo sus dedos. El motor del auto ruge como su corazón, desbordado por la ansiedad. El rostro de Amara aparece una y otra vez en su mente: herida, tal vez muerta, tal vez viva. Y él sin saber en quién confiar.
Frena en seco frente a la imponente casona de Carlos Laveau. La fachada, altiva y silenciosa, lo observa como un mo