Amara aprieta los puños con fuerza, como si ese gesto pudiera mantenerla firme, como si el dolor en sus palmas pudiera ahogar el que la consume por dentro. Quiere creer en su decisión. Quiere convencerse de que es lo correcto. Pero Liam no se lo permite.
Él da un paso hacia ella, con la mirada oscura, encendida por una mezcla de furia y desesperación. Su pecho sube y baja con respiraciones agitadas, como si cada palabra que está a punto de pronunciar le costara la vida.
–Mírame –exige, co