Liam se gira hacia ella con los ojos encendidos, atravesados por un dolor que no sabe disimular. –¡Estoy cansado, Amara! ¡Cansado de que me digas qué hacer, qué sentir, cómo actuar! ¡Cansado de que me pongas siempre en segundo lugar!
–¡No es eso! –replica ella, pero su voz se queda corta, perdida entre la agitación de ambos. Sabe que es mentira. O al menos, que no es del todo verdad.
–¿Ah, no? ¿Entonces qué es? ¿Control? ¿Miedo? ¿Orgullo? –La mira fijo, buscando una grieta en su armadura, un