–¿Cristóbal? ¿Estás ahí? –La voz de Amara retumba con fuerza al otro lado de la puerta, cortando de raíz el momento. Su tono no es dulce ni paciente; está cargado de ansiedad, casi de furia. –Necesito hablar contigo… ahora.
–Mierda… –susurran Cristóbal y Úrsula al unísono, congelados, con sus cuerpos aún entrelazados por la pasión que hasta hace segundos los dominaba.
El hechizo se rompe como un cristal al suelo. En un segundo, todo el deseo se esfuma, reemplazado por un torbellino de miedo, cu