Ambos descienden en silencio por el ascensor en un silencio espeso, casi doloroso. El sonido metálico de los cables, el zumbido del motor, incluso el parpadeo intermitente de la luz blanca del techo parecen amplificar la incomodidad que se cierne entre ellos.
Cristóbal aprieta los puños. Intenta concentrarse, en el movimiento de la maquinaria, pero su mente vuelve, una y otra vez, a la imagen de Úrsula semidesnuda, agazapada bajo el escritorio, con la respiración contenida, los ojos quizás tem