El aire de la ciudad está pesado, como si la tormenta que amenaza en el horizonte no fuera solo un fenómeno meteorológico, sino el reflejo de algo mucho más profundo. Faltan apenas dos días para la boda, y la tensión se filtra en cada gesto, en cada silencio, en cada mirada esquiva.
Liam, acostumbrado a leer entre líneas en los días más oscuros de su pasado, empieza a notar lo que otros no verían. No necesita grandes pruebas: el cuerpo habla más que las palabras. Amara parece evitar su mirada