Mientras que Amara, Ayslin y Sophie discuten, Cristóbal conduce sin rumbo, con los limpiaparabrisas marcando un ritmo frenético que parece burlarse de su respiración entrecortada. En su cabeza, las palabras de Sophie siguen ahí, repetidas, agudas, irreversibles.
Cada semáforo rojo le parece un juicio. Cada reflejo en el parabrisas, una condena. No recuerda haber sentido tanta vergüenza, ni siquiera en los peores años, cuando se hundía entre errores y mentiras creyendo que podía controlarlo to