El beso dura apenas unos segundos, pero es suficiente para detonar algo. Amara lo empuja levemente, sorprendida y furiosa. –¿Estás loco? –espeta en voz baja, mirándolo con los ojos abiertos por la indignación, mientras sus mejillas arden de vergüenza. Siente la mirada de Liam clavada en ellos desde la distancia.
Cristóbal sonríe, satisfecho. Con una calma que hiela y le acaricia el rostro con la punta de los dedos, como si fuera la escena final de una obra bien ensayada.–Nos vemos mañana, mi a