Él finalmente se gira. Sus ojos se encuentran. Y en ese segundo, se dicen más de lo que las palabras pueden nombrar. Rabia. Dolor. Amor. Orgullo. Todo se cruza en un destello de segundos.
—¿Y tú qué sabes lo que quiero, Amara? —pregunta con frialdad, aunque su mirada tiembla. –¿De verdad crees que todavía sabes quién soy?
Ella no sabe qué responder. Porque no lo sabe. Porque siente que cada vez que lo mira, lo reconoce y lo pierde al mismo tiempo.
—Avíseme si necesita algo —concluye él con u