Liam siente que cada palabra pronunciada por Jean Pol no es solo una condición empresarial, sino una afrenta directa a su hombría, a su orgullo y a esa necesidad casi instintiva de proteger lo que considera suyo, pero al mismo tiempo comprende, con una lucidez que le resulta insoportable, que la imagen pública no es un detalle menor sino la columna vertebral de un imperio como Laveau, que el escándalo reciente ha debilitado la percepción de la marca hasta convertirla en un blanco fácil para rum