Los días pasan con una lentitud insoportable, como si el reloj se hubiera propuesto castigar a Amara obligándola a escuchar cada segundo caer sobre el mármol frío de la casa vacía, y aunque la ciudad continúa su ritmo indiferente, con los autos rugiendo y los flashes buscando otro escándalo que devorar, ella permanece detenida en el instante exacto en que su padre exhala por última vez, como si el aire mismo hubiera decidido abandonarla junto con él y dejarla suspendida en una tristeza espesa q