A la hora de salida del trabajo, salgo del edificio sintiendo que la sangre me hierve en las venas. Cada paso que doy es una lucha por contener la furia que amenaza con desbordarse. Respiro hondo, intentando calmarme, pero es inútil y lo peor es que apenas veo el auto estacionado en la entrada con lo dos dentro, esperándome, la ira vuelve con mas fuerza.
Sin esperar que el maldigo de Liam baje a querer abrir la puerta, la abro de golpe y me deslizo al asiento trasero sin disimular mi malhum