El rostro de él no cambia. El paraguas sigue cerrado como un secreto.
–No te pago para escucharte recordar –contesta, con esa cordialidad que suena a bisturí. – Te pago para terminar esto. Lo que pactamos sigue en pie. Amara debe caer. A tiempo. Sin ruido innecesario. Sin éxtasis de última hora. ¿Fuiste soldado o actriz, Kate?
El nombre de Amara es una piedra arrojada al estanque frío. Las ondas llegan, tocan, se multiplican. Kate inclina la cabeza, gata en pasarela de cornisas.
–¿Y si