Él fuerza una sonrisa amarga, más un gesto de lástima que de alegría. –Nunca podría olvidarte –responde, inclinándose hacia ella con aire de sacrificio. – Pero estoy desgarrado, Kate. Estoy intentando mantener todo en pie: los empleados me presionan, las cuentas no esperan, los pagos se acumulan como una soga en el cuello… Y cada trámite es un muro más alto que el anterior. Cada firma que me niegan es un obstáculo que me condena. Estoy agotado. –Hace una pausa, sus dedos tamborilean con ansieda