La mañana entra pálida por las ventanas del hospital, filtrándose en franjas blancas sobre el suelo encerado, cuando la enfermera encuentra a Amara sentada en la sala de espera con el cuerpo rígido y los ojos clavados en la puerta de la habitación, como si llevara horas respirando al ritmo de los monitores que no puede ver, y al reconocerla se acerca con pasos suaves, inclinándose apenas para no invadir ese silencio cargado de expectativa antes de anunciarle que Carlos ha despertado, que está c