El silencio en la iglesia es tan pesado que parece tangible, como si las paredes de piedra absorbieran el aire de los pulmones de todos los presentes. El murmullo que estalló tras el error del sacerdote aún flota en el ambiente como un eco venenoso, y sin embargo, el tiempo sigue corriendo, inmisericorde.
Carlota se adelanta un paso. Su porte militar, rígido y firme, contrasta con la vulnerabilidad que se respira en el altar. –Liam… ¿estás seguro de que quieres continuar con esta boda? –pregu