–¿Dónde estás, Amara? Por Dios, ¿dónde estás? –murmura Liam con la voz rota, mientras da vueltas como un animal enjaulado por la habitación. Su andar es errático, desesperado. Los ojos enrojecidos, las manos temblorosas. Mira el celular una y otra vez, como si por arte de magia fuera a sonar. Pero solo hay silencio. El tipo de silencio que duele.
Ayslin lo observa desde el otro extremo del cuarto. Está sentada con las manos entrelazadas sobre las rodillas, como conteniendo una energía que podr