Amara traga saliva. El aire del baño está cargado, denso, como si cada azulejo guardara un secreto demasiado pesado para sostenerse. Intenta recordar cómo fue la pelea, los gestos, las palabras que encendieron aquel incendio entre ellas. Pero lo único que arde ahora, lo único que consume cada respiro, es la posibilidad de perder a Liam. Esa idea se clava en su pecho como un cristal helado que no se derrite nunca, y alimenta un miedo tan nítido que le hiela hasta los huesos. –No… –murmura Amara,