Sophie se queda en silencio, pero no es un silencio vacío ni casual, sino uno cargado de significado, de esos que se instalan en el pecho y obligan a sostener la mirada aunque todo dentro de uno quiera escapar. Sus labios se entreabren levemente, como si estuviera a punto de responder, pero ninguna palabra logra cruzar el umbral de su garganta, porque intuye, con una certeza casi dolorosa, que cualquier cosa que diga en ese momento puede empeorar algo que ya está peligrosamente al borde de romp