El auto frena de golpe, con un chirrido brusco que sacude el silencio de la noche. Amara, con los ojos vendados, no logra anticipar el impacto y su cuerpo se desploma hacia adelante, golpeándose contra el respaldo del asiento delantero.
–¡Auch! –gime, más de sorpresa que de dolor.
Una carcajada áspera se escucha en el asiento trasero. Son risas crueles, secas, que no buscan divertirse, sino humillarla. Uno de los secuestradores, con manos ásperas y olor a cigarrillo viejo, la agarra con brus