–¡Liam! –grita Amara, justo cuando él se desploma con un grito ahogado, sujetándose la pierna con los dientes apretados por el dolor. La sangre comienza a manar con rapidez, tiñendo el piso sagrado.
Al instante el caos se desata. Los invitados gritan, se levantan de golpe, algunos corren, otros se agachan. Amara se lanza hacia él, sin pensar, sin respirar, sin miedo. Lo abraza, intentando frenar la sangre con sus propias manos, temblando.
–¡No, no, no! Aguantá… ¡mirame! –le suplica, sus dedos